Romano o césar noir, como sea, estás acá.


Hasta la segunda mitad del XIX las cepas o variedades criollas, internadas por la empresa conquistadora española, pasaron el menosprecio de los primeros técnicos franceses, quienes arribaron a Chile con conocimiento químico, fisiológico y enológico. Claudio Gay en su obra Agricultura (Santiago, 1862-1865) se limitó a reconocer la uva país (listán prieto de Canarias) como “ la uva negra, la más común”. Otros articulistas se refirieron a ella como la de mayor abundancia en el país.
Para la cepa criolla por excelencia, no hay sinónimos claves o de referencias fijas, salvo, crónicas aisladas y poco prósperas que la citan frecuentemente como “la chilena”. Todo parece cambiar a partir del 4 de Junio de 1874, cuando Luis Bachelet envía una carta a autoridades de gobierno mencionando en un manuscrito inédito, que él le había designado el nombre de uva ordinaria del país. En la carta señala además, que esta cepa no era apreciada por los consumidores, lo cual dentro de ciertos márgenes es correcto, ya que el moscatel en términos de imagen, fue la variedad que acumuló una mayor cantidad de citas favorables. Debemos reconocer que independiente del  vino pipeño, la uva país se destinaba en gran parte al vino a granel, para ese público que no necesitaba más argumentos que beber sólo vino, que no necesitaba saber de qué lugar venía ni con qué cepa fue hecho; la urgencia de beber un vino que se llame “vino”, y nada más. A pesar de esto, debemos reconocer que la cepa país se arraigó de tal manera, que fue capaz de crear espacios de práctica vitivinícola poseedores de una gran dimensión cultural. 
Otro mito que merodea es que los técnicos franceses con nuevas cepas europeas desplazaron a la país. Claudio Gay explica que los técnicos hicieron lo contrario, al introducir métodos “racionales” para la producción de chicha y mosto con las uvas que ya existían. Más tarde René Le Feuvre hizo un aporte significativo en términos de sanidad y viticultura. Esto lleva a concluir que la tesis del desplazamiento es débil, ya que el lugar donde se asentó la mayoría de los técnicos franceses, el valle del Maipo, la producción siempre fue mínima, a una razón de un millón de plantas que se encontraban en Santiago, versus las tres millones de Aconcagua, los dos millones en Cauquenes y las nueve millones de Concepción. Santiago, desde un punto de vista netamente productivo, no era de gran importancia, ya que carecía de un recurso fundamental: el agua, cuestión que se solucionó con la inauguración parcial de la canalización precordillerana en 1820. Los técnicos franceses comienzan a llegar masivamente décadas más tarde en medio de trabajos de canalización a medio terminar, o lo justo y necesario para llenar peladeros y chacras con cepas europeas. Y si bien Maule y Bío Bío recibieron algo de ese material, se dio dentro de un marco complementario, no mermando las variedades existentes.

Algunas cepas en casos muy puntuales provocan ese raro efecto: cuando su imagen desaparece, se entiende o da por hecho una pérdida material; hasta identitaria. La supuesta desaparición y merma de la cepa país ha provocado esa clase teorías durante los últimos veinte años.
Este caso sirve para destacar a una cepa que verdaderamente estuvo a punto de desaparecer, y que a diferencia de la país, sí fue relegada por variedades francesas, siendo también francesa. Nos referimos a romano, conocida técnicamente como césar noir

La romano fue reconocida a lo largo de la viticultura chilena y también en Francia a mediados del siglo XIX.
Por un lado, la cultura vitivinícola inglesa (Robinson, 2012) suele referirse a césar noir como una cepa introducida por las legiones romanas de Julio César, entre el 58 y 51 Antes de Cristo, lo cual vendría a explicar el origen de sus sinónimos. Sin embargo, este relato ha comenzado a disiparse, ya que los marcadores genéticos (Bowers) han demostrado que la cepa argant en un cruce con pinot noir (ARGANT X PINOT NOIR) engendró a romano, y que esto habría ocurrido en territorio francés. La raíz de su nombre podría encontrarse al noroeste de la Borgoña, en Yonne, departamento que vio el nacimiento de esta cepa y de las capitales galli-romani, donde la influencia romana permeó todo a su alrededor.
A pesar de este guiño histórico, cabe señalar que aún no existe un acuerdo sobre el verdadero origen de su nombre, cuya primera referencia según el etimologista de cepas Pierre Rézeau, se encuentra alrededor de 1783.

Por otro lado, la literatura ha ofrecido puntos de vista bastantes desalentadores sobre esta cepa. En su libro Les Vignobles de Chablis et de l'Yonne, el periodista Henri Cannard explica que a finales del siglo XIX los viñedos de la Irancy, Borgoña noroeste, fueron atacados por la Filoxera. A comienzos del siglo XX y ya sobre porta injertos americanos el periodista asegura que no se contabilizó una producción significativa. En 1910 un fuerte lluvia trajo posteriormente insectos y moho. Ya Iniciada la Primera Guerra Mundial Irancy pierde una cantidad significativa de hombres, reduciéndose los cultivos de pinot noir y romano a sólo 20 hectáreas. No fue hasta 1945 cuando los viñedos comienzan a restituirse, a lo cual suma una baja resistencia de la variedad a las heladas. Dado este cúmulo de problemas, se le ha considerado como el “adorable inadaptado”, siendo más que nada utilizado para darle fuerza y color al pinot noir de las AOC suscritas al departamento del Yonne, al noroeste de Borgoña, en su capital Auxerre y las comunas de Irancy, Cravant, Vincelottes, Saint-Bris le Vineux y una pequeña franja en Chablis. Otros escritores agregan que su limitación y escaso valor en la zona se debe al no ser apropiada para vinificarse como varietal. Comprensible, al menos para ellos, ya que a pesar de dar taninos concentrados, ásperos y que solo con una rica acidez y el paso del tiempo se tornaría fácil beberlos– su fuerza con el tiempo tiende a declinar rápidamente. Por lo mismo carga con el estigma de vino difícil, siendo su cuota de extracción y desarrollo geográfico bastante limitado. Las reglamentaciones vigentes pueden dar testimonio de esto,  y explicarían porqué solo un diez por ciento puede incorporarse al pinot noir de Irancy. Es preciso aclarar que algunas comunas pueden agregar mayor cantidad a la mezcla, e incluso llevar un vino a embotellarlo como varietal. Domaine Sorin Cocquard en Saint Bris le Vineux, es uno de los pocos ejemplos de un vino cien por cien romano.

A pesar de la escasa evidencia y claridad que pueda brindarnos una fecha de llegada a Chile, la tesis que ronda con fuerza indica que pudo plantarse alrededor de 1851, por quien fue unos de los grandes impulsores de las cepas francesas en Chile, Joseph Bertrand, en la chacra Ochagavía. Dada la alta rotación de técnicos entre una chacra y otra pudo haberse multiplicado con ayuda de Luis Bachelet. Aunque no hay indicios que puedan darle peso a esta tesis, cabe destacar que tanto Bertrand como Bachelet compartieron cargos en viña Santa Carolina, bodega donde aparece una de las pocas evidencias gráficas de la existencia de esta cepa: un mapeo de la antigua chacra Santa Helena que data de 1919 y en el cual, se aprecian tres bloques de romano. 
Aunque esta, no es la única evidencia. 

En 1893 no se encuentran registros de la cepa en la Quinta Normal de Agricultura,  sin embargo, el inventario realizado en 1901 por René Le Feuvré da cuenta de un cuadro “A”, con plantaciones de pinot y romain (romano) para estudio de podas y formas. Llama la atención que sean estas dos cepas las que se plantan en conjunto,  ya que representa el cultivo clásico del noroeste de la Borgoña. El inventario también establece un cuadro separativo indicando que no se habría injertado sobre vides americanas, a diferencia de su homóloga francesa.
Manuel Rojas logró contabilizar a comienzos del siglo XX un total de 492.550 plantas, distribuidas en su mayoría en la viña Panquehue de San Felipe, propiedad de Andrés Franceschini, y abarcando una menor extensión pero con una considerable cantidad de plantas, viña Santa Carolina; San Juan de San Bernardo, y Majuelo, en Coelemu, el segundo punto con mayor cantidad de material disponible.
Una de las causas que fue en contra de su consagración yace en la literatura técnica de 1900, señalando a romano como una variedad semi-noble, o como explica Manuel Rojas, sólo apta para producir un “tipo borgoña” de segunda y tercera clase, recomendando no más de un 25% para ser incorporado en una probable mezcla que tuviese pinot noir, tressot o gamet negro. En consecuencia, romano pasa a la categoría de uva de mérito al no contar con la venia de los técnicos chilenos con instrucción francesa, que prefirieron otras cepas de mayor reconocimiento. Algo similar a lo ocurrido con el malbec.
A pesar de tal desprecio, la romano es utilizada como cepa de corte para los vinos tipo, como serían los "tipo Borgoña" o "tipo Bordeaux", que en realidad eran vinos cuya mezcla se hacía en el viñedo y no en la bodega. Una gran masa de uvas de distintas cepas que se cofermentaban, y que hoy conocemos como 'field blend'.

En términos de información, el principal foco de discusión o incertidumbre se centra en Chile, donde fuentes europeas ponen en duda si lo que realmente hay en Chile, es romano.
Jancis Robinson señala en su libro Wine Grapes (2012) que la mayoría de las plantaciones se encontrarían en Isla de Maipo y, que al parecer, existe una confusión en su reconocimiento como variedad. Contrarrestando esta información, cabe señalar que el catastro vitivinícola del SAG declara que en Chile existen 1,0 hectáreas de césar noir, concentrándose en la VII región del Maule, muy lejos de la zona citada por la fuente inglesa. Cabe la probabilidad que esté confundiéndose Isla de Maipo con Valle del Maipo, detalle que de ser corregido, vendría a ser cierto sólo bajo un punto de vista histórico. Respecto a la región señalada por el SAG –que no ahonda en muchos detalles– existen varios puntos a considerar. El primero, es que todo parece indicar que el material al cual se hace referencia parece provenir de un campo histórico, perteneciente a los descendientes de Alexander Dussaillant, en la VII región, en la ex Viña Casa Blanca. Algunos enólogos aseguran que el romano maulino debería rondar los 70 años de antigüedad, debido a la fecha de plantación. Podría existir la probabilidad que exista un romano prefiloxérico y otro posterior, calzando con la fecha de restitución francesa, y que podría ser parte de la segunda oleada de cepas que entraron al país con apoyo del gobierno, en lo que fue el supuesto proceso de fomento vitivinícola que se registró entre 1930 y 1950. Pero esto es sólo una teoría que circula entre unos pocos enólogos. No hay claridad al respecto.
Por último y para despejar dudas con respecto a su autenticidad, cabe destacar que existen varias evidencias que pueden encontrarse en Talca, al interior del fundo La Oriental, perteneciente a viña Casa Donoso.

A mediado de los noventas, el enólogo Pablo Morandé trato de incorporar un vino de romano a su portafolio, sin mucho éxito comercial.
En la actualidad es Felipe Ortiz, enólogo de viña Casa Donoso, quien ha experimentado más años con esta cepa, siendo el único que cuenta desde 2015 con una etiqueta de romano circulando en el mercado. El enólogo extrae las uvas para Sucesor Romano de apenas 0,5 hectáreas en medio de un cuartel, cuyo material se encuentra entremezclado con cabernet sauvignon, merlot, malbec y país.
Siguiendo el rastro de cultivo e incorporación del viñedo, la fuente interna de la viña confirma a Enrique García Fernández como el comprador de la casona y el viñedo en 1935. En 1952 encarga la plantación a José Cetty. Su hijo, René Cetty, fue quien continuó con esa labor. Ambos trabajaron durante años en la ex Viña Casa Blanca, propiedad de la familia Dussaillant, de donde extrajeron todo el material y replicaron el mismo esquema de hileras y variedades.

Finalmente, lo que lleva a concluir que definitivamente se trataría de la variedad romano, se relaciona directamente con el descubrimiento del carménère.
En 1998 el ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot, mientras se encontraba en Chile separando el carménère del merlot, visitó el fundo La Oriental, descubriendo que entre medio de algunas viejas parras de cabernet sauvignon se encontraba romano. La identificación por parte de Boursiquot fue la clave para que años más tarde, la Universidad de Montpellier SupAgro ayudase con información para validar los registros ante el SAG, ya que ni romano ni césar noir se encuentran en el decreto 464. Aun así, a Casa Donoso se le otorgó una certificación para comercializarla en Chile y el mundo con D.O. Chile hasta que pueda incorporarse al decreto. Así la viña maulina abre paso a la comercialización de esta cepa.


Actualmente, viña Casa Silva, Santa Carolina y Casa Donoso, son las únicas que hasta la última versión del catastro vitivinícola nacional, cuentan con esta variedad. 


Es cosa de tiempo ver los resultados de estas bodegas que se complementen y sumen al trabajo de Casa Donoso, quien va a multiplicar a 3.000 el número de plantas para su producción. 
Si bien son pocos productores los involucrados en el repunte del romano, estos se sustentan en una doble altura, donde pueden mirar hacia donde sea sin que exista la presión de otros mirando. Es como música nueva que comienza a sonar, donde no hay un hit bailable.


Alvaro Tello






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